viernes, 16 de agosto de 2013

Dale tiempo al tiempo.

Naces. Y uno de los deseos que tienes desde que eres uno más en este mundo es correr. Correr y llegar rápido a todo: ya sea gateando a por una pelota, subiéndote en la silla para abrir un armario, o simplemente, correr para tener esa sensación de libertad y que nada nos puede parar. Siempre quieres correr y cada vez más y más deprisa, y por eso, otra meta que tienes desde que tienes uso de razón es la de correr en la vida.
Quieres ser mayor cuando eres pequeño y pequeño cuando eres mayor. Idealizas tu mundo y analizas todo lo que podrías hacer si tus padres se hubiesen apresurado por tí. Pero tú de eso no te das cuenta, eres pequeño, solo quieres correr y correr más.

Ahora y gracias a mi edad de casi 22 años (20 días de calendario para mí feliz NO cumpleaños), que me hacen estar en el medio de la vida, experimento otro curioso antojo. Aparte del ya conocido regreso al pasado y a la niñez, siento de nuevo esa sensación de correr, de seguir siendo más mayor y cumplir el pre-sueño o pensamiento que cada noche me espera: buscar la felicidad compartida. Pero no por ser "más mayor" (como diría un niño de 3 años), la encontrarás antes. Ahora ya sabes que no es así. Todo llega en su momento.

Juega a imaginar tu mundo, pero no corras porque te puedes caer.

♂


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